DEL COCHINO
El cochino es animal feroz, imprudente e iracundo y de su naturaleza muy perezoso y sucio, impaciente y gruñidor.
De do dice el refrán: Quien quisiere ruido críe cochino, y del cual dice Aristóteles: Que es incapaz de recibir disciplina ni buena costumbre, como el elefante y otros animales, y siempre se queda sino indómito y feroz.
El jabalí es mucho más terrible y bravo que el casero, porque es fortísimo en los dientes y están siempre destinados a la muerte, porque no son de ningún provecho mientras viven.
Dicen los naturalistas: Que si lo van a cazar y él ha meado antes, o si persiguiendo lo dan tiempo de mear, nunca le podrán alcanzar, porque aliviada la vejiga se hace terrible y ligerísimo, buscando los riscos y malezas. Pero si luego por la mañana, antes de haber meado, los cazadores le dan priesa lo cogerán fácilmente. Con todo, el cazador vaya sobre sí y guarde de errar el asalto, porque su furia es terrible y los colmillos no son menos que puntas de acero. Si acaso acierta huyendo a tomar una cuesta arriba es en vano el perseguirlo. Pero si acierta a huir cuesta abajo, presto dan con él en tierra y lo rinden, porque como tienen las manos o pies delanteros cortos más que los traseros, luego dan de hocicos y quedan tendidos, y si acaso han de pasar algún río a nado ellos propios se degüellan con las manos por tenerlas tan cortas.
Estos animales son muy buenos para la gente del campo. Se sirven para la provisión y mantenimiento de la casa, porque no hay carne fresca ni salada que tanto cunda y aproveche como la del tocino y enriquece la casa de quien los cría, para granjear con ellos, por lo mucho que paren si son bien sustentados. Y más que paren dos veces al año y cada vez siete, ocho y nueve y aun algo más.
Cada uno se guarde de dejarlos ir sueltos por la casa y más el que tiene hijos recién nacidos, porque se comerán un niño como si comiesen salvado y no es tanto comerse los hijos ajenos, pues que con la hambre se comen los suyos propios, y si no los ponen una argollita en las narices son bastantes a derribar una casa, porque todo lo trastornan con los hocicos o narices hasta descubrir el fundamento de las paredes.
Entre todas las carnes que tienen el pelo agudo, la mejor y de más gusto es la del tocino y dicen los autores infra escritos, que que son Columelo, Crecentino, Lactancio, Herrera y Plinio, que el cochino tiene las virtudes siguientes:
La gordura del tocino derretida en vinagre y lavada con dos o tres aguas vale para quitar y lavar el ardor de cualquier quemadura.
El saín del puerco es bueno para madurar y ablandar toda hinchazón y apostema.
El mismo saín o gordura mata los piojos y liendres de la cabeza y de cualquier otra parte.
El tuétano de las quijadas de puerco quita el dolor de los dientes.
La gordura comida cruda vale contra toda ponzoña.
La piel de los jabalíes es muy buena para hacer suelas de zapatos para tiempo seco.
El estiércol del jabalí seco hecho polvos y bebidos con vino hacen retener las cámaras, aunque sean de sangre.
El pulmón del cochino cocido y comido antes de beber quita la embriaguez.
El celebro del cochino sana los carbunclos.
Untando muy bien la landre con el sain del puerco y estregando después con un paño de lana caliente deshará la ponzoña sin pasar adelante.
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